
Jazmín
Jörn Adler despierta sedado en una habitación sin ventanas. Alguien lo ha registrado, lo ha vestido de nuevo y ha dejado sobre su pecho una nota. Dentro de una caja encuentra un billete antiguo de tren, un pañuelo impregnado de jazmín y una libreta que reconoce como propia.
Al salir, la policía ya lo espera. A pocas calles han encontrado muerta a Elena Varela. Sobre el cadáver hay una rosa blanca y una frase que Jörn solo había escuchado una vez, de labios de Irina. Todo señala hacia ella. Demasiado.
La investigación avanza por estaciones, almacenes, clínicas cerradas, habitaciones de hotel y archivos que nunca debieron conservarse. En un mundo donde una voz puede ser imitada y un rostro ya no garantiza identidad, la pregunta deja de ser quién miente y pasa a ser cuánto de una elección sigue perteneciendo a quien la toma.